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En el arroyo frío lavo tu cinta. Como un jazmín caliente tienes la risa. Quiero vivir en la nevada chica de ese jazmín.
¡Ay de la casada seta! ¡Ay de la que tiene los pechos de arena!
Dime si tu marido guarda semilla para que el agua cante por tu camisa.
Es tu camisa nave de plata y viento por las orillas.
Las ropas de mi niño vengo a lavar para que tome el agua lecciones de cristal.
Por el monte ya llega mi marido a comer. Él me trae una rosa y yo le doy tres.
Por el llano ya vino mi marido a cenar. Las brisas que me entrega cubro con arrayán.
Por el aire ya viene mi marido a dormir. Yo, alhelíes rojos y él, rojo alhelí.
Hay que juntar flor con flor cuando el verano seca la sangre al segador.
Y abrir el vientre a pájaros sin sueño cuando a la puerta llama temblando el invierno.
Hay que gemir en la sábana.
¡Y hay que cantar!
Cuando el hombre nos trae la corona y el pan.
Porque los brazos se enlazan.
Porque la luz se nos quiebra en la garganta.
Porque se endulza el tallo de las ramas.
Y las tiendas del viento cubren a las montañas.
yertos vidrios del alba.
Y nuestro cuerpo tiene ramas furiosas de coral.
Para que haya remeros en las aguas del mar.
Un niño pequeño, un niño.
Y las palomas abren las alas y el pico.
Un niño que gime, un hijo.
Y los hombres avanzan como ciervos heridos.
Alegría, alegría, alegría, del vientre redondo, bajo la camisa!
¡Alegría, alegría, alegría, ombligo, cáliz tierno de maravilla!
¡Pero, ay de la casada seca! ¡Ay de la que tiene los pechos de arena!
¡Que relumbre!
¡Que coma!
¡Que vuelva a relumbrar!
¡Que cante!
¡Que se esconda!
Y que vuelva a cantar.
La aurora que mi niño lleva en el delantal.
En el arroyo frío lavo tu cinta. Como un jazmín caliente tienes la risa. ¡Ja, ja, ja!
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